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"El bar"

El puñetazo que le propinó Jesús hizo que Pepe cayera de espaldas al suelo y escupiera al menos tres dientes.
Jesús se le quedó mirando con los puños apretados y el rostro desencajado, esperando una reacción por su parte.

Pepe no parecía saber ni donde estaba, sus ojos giraban torpemente en una especie de duermevela y su cuerpo se mecía en el suelo del bar.

El resto de clientes del antro quedaron ojipláticos observando la escena, e involuntariamente formaron un círculo alrededor de Pepe y Jesús.

Jesús se bajó la cremallera de la bragueta y se sacó la chorra con tranquilidad. Una vez concluída la operación, empezó a orinar sobre la cara de Pepe.
Dada la duración del regadío, parecía evidente que había bebido bastante.

A pesar de la evidente humillación, Pepe parecía no enterarse de nada y, de hecho, la orina contribuyó a limpiar la abundante sangre que manaba de su rostro.

Jesús se acerco a la barra y le preguntó al camarero:"¿Qué se debe?".
El camarero, impertérrito, respondió:"Invita la casa".
Jesús cogió su chaqueta y se marchó del bar tranquilamente, mientras silbaba la alegre melodía de "A mi me gusta el pipiribipipí".

El camarero dijo:"El siguiente, por favor", mientras Pepe se recomponía como malamente podía para atender al próximo cliente.
Ángel se acercó al camarero, quien le preguntó:"¿Qué desea?", a lo que Ángel respondió: "Quisiera darle una patada en los huevos y un puñetazo en el hígado".

El camarero continuó su sistemático interrogatorio:"¿Desea alguna floritura, como el anterior cliente?. ¿Orinar, hacer de vientre?".
Ángel, que no era hombre de excesos, dijo:"No, gracias", mientras se arremangaba.

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