El puñetazo que le propinó Jesús hizo que Pepe cayera de espaldas al suelo y escupiera al menos tres dientes. Jesús se le quedó mirando con los puños apretados y el rostro desencajado, esperando una reacción por su parte. Pepe no parecía saber ni donde estaba, sus ojos giraban torpemente en una especie de duermevela y su cuerpo se mecía en el suelo del bar. El resto de clientes del antro quedaron ojipláticos observando la escena, e involuntariamente formaron un círculo alrededor de Pepe y Jesús. Jesús se bajó la cremallera de la bragueta y se sacó la chorra con tranquilidad. Una vez concluída la operación, empezó a orinar sobre la cara de Pepe. Dada la duración del regadío, parecía evidente que había bebido bastante. A pesar de la evidente humillación, Pepe parecía no enterarse de nada y, de hecho, la orina contribuyó a limpiar la abundante sangre que manaba de su rostro. Jesús se acerco a la barra y le preguntó al camarero:"¿Qué se debe?". El camarero, impertérrito, respondi...